En el mes de la mujer desde PrimeroSalta te invitamos a conocer la historia de una mujer que lucha a diario por la seguridad de su familia, a tal punto que teme por su vida y la de su hijo. Una historia que al escucharla  pensará que se trata de una novela de género policial, pero es su vida hoy. En ella se involucra a las fuerzas de seguridad, ministerios de Derechos Humanos, Justicia y de Salud.

Se trata de Elizabeth Tevez, quien hace más de tres años su vida se torno en un verdadero calvario. Es madre de Pablo (28) y Tatiana (20). Trabajadora (desempleada) y un verdadero ejemplo de lucha y perseverancia.

Elizabeth comenzó su lucha hace varios años cuando le tocó afrontar la recuperación de su hijo y hermano, ambos sumergidos en el consumo de drogas. Con el tiempo e insistencia logró que desde el ejecutivo municipal, mediante la gestión de la actual concejal Frida Fonseca, se trasladen para su rehabilitación al interior del país.

Luego de unos años Pablo volvió a su hogar, con su adicción contenida. Una noche (22 de marzo de 2012) circulando en su motocicleta sufre un fuerte impacto contra un montículo de escombros que habían dejado una obra de bacheo, sin señalizar, por parte de la municipalidad de Salta. Este accidente lo dejó en un estado delicado de salud, solo le pronosticaban un 10 por ciento de probabilidades de sobrevivir. Sin embargo, con mucho empeño salió adelante, pese a quedar con discapacidades múltiples. Sufrió el hundimiento de cráneo, perdió parte de su dentadura y con serias afecciones en su movilidad.

Una tarde, a modo de recrearse en familia, Elizabeth llevó a su hijo Pablo a la cancha para que viera a su equipo favorito, jugaban en las canchas de la Liga Salteña, Peñarol contra Camioneros. Ese día, jamás imaginó que la vida le jugaría una mala pasada: “un primero de marzo de 2013, lleve a mi hijo Pablo, el es discapacitado, a la cancha. En un momento se produjo una confusión entre la hinchada y la policía, y Maximiliano Delgado (cabo de la policía) sacó su arma reglamentaria y empezó a hacer tiros. Entre esos tiros, uno me impacto a mí. Yo lo único que sentí fue un gran ardor, que me quemaba todo, solo atine a preguntar por mi hijo”, relata Elizabeth.

Este impacto de bala le cortó parte de los intestinos, estuvo en coma una semana y media en terapia intensiva del Hospital San Bernardo. Con el tiempo y voluntad logró recuperarse en parte, hasta hoy sufre los dolores y cuenta con dificultades motrices.

Su condición de salud no quedaría así nada más. Un tiempo después, a raíz del disparo sufrido, se tuvo que someter a una cirugía compleja donde debieron colocarle una malla interna, para sostener sus órganos. Ella no contaba con los recursos para la compra de la misma, la solicitó al ministerio y decenas de lugares sin obtener respuestas. Logró que el presidente del Concejo Deliberante, Ricardo Villada, al conocer su situación le facilite el dinero para la compra. Mientras era intervenida quirúrgicamente nuevamente ingresó en coma por una semana.  Escrito estaba que no era el momento para darse por vencida y pudo recuperarse.

La historia continua. Otro capítulo se presentó el año pasado, un primero de mayo de 2015 cuando se dirigía a un encuentro de mujeres a Buenos Aires y recibe un llamado que le informaba que debía regresar con suma urgencia, puesto que su hijo Pablo (discapacitado) estaba siendo intervenido quirúrgicamente en el Hospital San Bernardo por un impacto de bala en el pecho que recibió por parte de un efectivo de motorizada del 911. Pablo salió a festejar el primero de mayo y mientras estaba con sus amigos sentados en una vereda, sin recibir motivo alguno, un agente le disparó en el pecho y un golpe con la culata del arma. Esto le produjo un retroceso en su poco avance de salud que venía teniendo y con el golpe la ruptura de su prótesis de la cabeza.

Elizabeth cuenta que nunca recibió mínimamente las disculpas correspondientes por lo que le pasó a ella hace tres años y mucho menos lo vivido con su hijo: “Nunca tuve una respuesta. Maximiliano Delgado sigue en la fuerza, fue premiado, esta re bien acomodado. Yo perdí mi trabajo, yo perdí todo por culpa de él. Le quieren dar un sobreseimiento de la causa, ¿cómo es posible darle un sobreseimiento a quien tiene antecedentes? No es la primera vez que el sacaba su arma reglamentaria”.

“En el caso de Pablo es mucho más complicado. Cuando algún motorizado lo cruzan a Pablo o alguno de mi familia y dicen el apellido Tevez somos los putitos, somos los maricas. Dicen tu mama te manda a poner el pecho para un certificado de discapacidad o por un pasaje de colectivo”, agrega.

Hoy por hoy ella se siente perseguida y hostigada por la policía de la zona. Por ejemplo: “ayer lo llevaron demorado a mi hermano la policía y le pidieron que levantemos la denuncia por el caso de mi hijo porque de esta nos va a salir peor. Hablan peste en todo el barrio contra mi familia. No podemos decir Tevez porque para la policía nosotros somos unos maricones, de todo nos insultan”.

Ante este contexto, las denuncias están presentadas. Pero nunca recibieron una respuesta por parte de los Ministerios de Seguridad ni Justicia y Derechos Humanos. Se siente totalmente abandonada.

A esta realidad se suma que se encuentra desempleada, tiene la luz cortada,  Pablo consume pastillas para evitar convulsiones, las mismas tienen un costo de cuatro mil pesos mensuales. El padre de Pablo lo reconoció de grande, el hace los aportes a una obra social que constantemente le cambia el plan y no le proporcionan los medicamentos y tratamientos que su condición necesita.

Elizabeth congojada y con lagrimas por la desesperación de no saber qué hacer para vivir, sentirse bien y tener certeza que no se sumará nada más a la larga lista de desgracias y lamentos vividos agrega: “Yo estoy orgullosa de decir que vivo en el barrio Siglo XXI. No hay justicia, yo estoy orgullosa de mi hijo, porque está vivo”, finalizó.

 

Fuente: PrimeroSalta