El caso de un chofer que fue denunciado por una pasajera por conducir alcoholizado despertó la inquietud. El integrante del Directorio de la AMT y referente de Pavicei, Raul Padovani en dialogo con PrimeroSalta, confiesa que no está garantizado que un chofer aborde un colectivo sin estar bajo el efecto del alcohol. Se habló en algún momento, internamente en la AMT, que existe un 30 por ciento de choferes que tienen problemas de consumo.

Hace un tiempo atrás un colectivero de una línea de Saeta fue descubierto manejando alcoholizado. El mismo fue interceptado por personal del 911 quienes fueran alertados por una pasajera que se encontraba arriba del colectivo que conducía el imprudente chofer. El hecho no llegó a mayores, gracias a la intervención de la usuaria.

En tal sentido, pronuncia como sus hijos  murieron a causa del alcohol, donde en la gran mayoría de los casos, del  alcohol que ellos no consumieron.

Ante este episodio Padovani cuenta que el chofer en cuestión tenía 0.83 de alcohol en sangre, casi el mismo grado de ebriedad que la persona que le arrebato la vida a su hija. “Esa graduación se llama ligera euforia, lo que es un montón de alcohol”, agrega.

Padovani agradece que no haya pasado algo peor y  que la pasajera se comprometiera denunciando esta conducta.

Al ser consultado si desde la AMT, donde forma parte del directorio, se llevan a cabo controles a choferes; si se sabe de algunos que tengan problemas con el alcohol o si les realizan test psicológicos, confesó que en algún momento se llegó a hablar internamente de un porcentaje que alcanzaba un 30 por ciento de conductores que tenían algún problema de consumo con la bebida. Lo que les llamó la atención y busca desde entonces que en cada empresa que presta servicios a Saeta cuenten con herramientas tecnológicas que le permitan controlar antes de cada recorrido si tiene o no alcohol en sangre: “yo eso quería y estamos por ver de sacar ahora, siendo uno de los directores, que en cada una de las empresas tengan su aparato de alcoholemia. Aparatos que no son de los costosos, son unos que no miden cuanto tiene, simplemente alertan si está o no bajo el efecto del alcohol y tienen un costo de 2.800 pesos”. Quien agrega que ese precio jamás se compara con el costo que tiene una vida.

Entre tartamudeos, no logró contestar que hoy esta garantizado que un chofer no se suba a un corredor bajo el efecto del alcohol. Apeló a la propuesta que propone, la de las pipetas.

Al entender al punto que se debió llegar, en un acto de sincericidio cuenta que la única manera de que se entienda y tome conciencia es mediante la cárcel, si se conduce alcoholizado.

En otro orden de preocupaciones, Padovani relata que “el amiguismo en los municipios del interior mata: los conductores se sostienen de las buenas relaciones que tienen con los jefes de transito o el mismo intendente. Apunta que en esta parte de la provincia el problema más acuciante son los conductores de motocicletas, quienes no acatan las normas de seguridad vial porque se sienten amparados por sus buenas relaciones con las autoridades.

Fuente: Primero Salta