Sandra Coop, es docente de la escuela Miguel Ragone y hace unos meses realizó una grave denuncia por violencia de género y laboral contra Víctor Gamboa, quien es gremialista y director de una escuela.

Hace 14 años que Sandra es docente y asegura que fue testigo de muchos casos de maltrato laboral a compañerxs pero hasta ahora nunca lo había vivido en carne propia. Desde entonces empezó un largo camino con el único fin de conseguir justicia y visibilizar estos hechos, incitando  a quienes lo padecieron a que "se animen a hablar"; pero hasta hoy sólo se dio con que al parecer, la ley ampara al victimario y no a la víctima.

"Trabajo hace 11 años en este colegio y todo comenzó con un problema menor entre los chicos. Cuando se denunció el supervisor fue al colegio y el director me comenzó a insultar, entonces cuando le pedí que anote lo que pasaba se negó", comentó Sandra a la vez que señaló que subestimó su trabajo señalándole que era “una incompetente” e ironizando que si quería podía enviarle una carta documento.

Además, señaló que en principio se dirigió a la oficina de Violencia de Género en la Ciudad Judicial en mayo de este año y de ahí la mandaron a Derechos Humanos en donde le sugirieron que haga una denuncia en el Ministerio de Trabajo. “Ahí me di con que hay un gran vacío legal porque soy empleada pública”, indicó en este sentido.  

“Logré hablar con la doctora Figallo quien me tomó la denuncia y me comentó que la Ley Nacional de Trabajo contempla un organismo especial para ese tipo de trabajo pero que en Salta no está creado”, informó la docente y agregó que en agosto tuvieron una audiencia pública con el abogado del Ministerio de Educación pero que pese a esto, hasta el día de hoy no hubo avances.

Como si todo esto fuese poco, Sandra cuenta que al no obtener respuestas, hasta el día de hoy se sigue cruzando con Gamboa en el establecimiento en el cual trabajan ambos, razón por la cual, su calvario no se toma descanso. “Es cruzarlo en espacio comunes y tener que agachar la cabeza, o mirar para otro lado”, indica.

“A raíz de todo esto me tomé licencia psicológica, y continuo con todo este acompañamiento. La palabra que utilizaría al día de hoy ya no es miedo, es impotencia. Lo que quisiera a nivel personal es algún tipo de sanción, creo que deberíamos estar trabajando para prevenir estos hechos. Nunca esperé que me pase algo así, fueron semanas llorando y sin poder dormir. Las marcas no se ven pero el maltrato está, eso es lo que indigna”, concluyó la maestra.