Pasaron 12 años, pero la emoción de los abrazos de esa fría madrugada del 15 de julio de 2010 está tan presente como si hubiera ocurrido hace un rato. Estábamos en la plaza frente al congreso cuando el senado aprobó la ley y allí lloramos y nos abrazamos una y mil veces repitiendo las cientos de anécdotas que acumulamos en los 6 meses de debate. Fue en octubre de 2019 cuando, Vilma Ibarra como presidenta de la comisión de Legislación General, tuvo el coraje de abrir el debate que aún no tenía el consenso de la mayoría parlamentaria y que reclamaban cada vez con más fuerza las organizaciones LGBTIQ+ encabezadas por la Federación Argentina LGBT.

La demanda era entonces el derecho a constituir una familia. "Los mismos derechos con los mismos nombres" fue la consigna que sintetizó la lucha. Lo que se reclamaba era el derecho de las parejas conformadas por dos personas del mismo sexo a amarse en libertad, a abrazarse y besarse en la plaza, en la calle y en sus casas.

La ley fue mucho más que eso. Significó eliminar desde el Estado la barrera más fuerte que sostenía hasta ese momento la discriminación social por identidad u orientación sexual. Fue un paso gigante hacia una sociedad inclusiva, que aún queda por construir, pero estableció un punto de inflexión en el imaginario social respecto a la identidad sexual hegemónica y abrió el camino al debate que hoy se está dando respecto al sistema binario sexo/ género.

Hoy la demanda es el derecho a ser. El derecho a la identidad sexual. Es infancias libres de expresar su identidad sexual sin condicionamientos y de inclusión plena en todos los ámbitos y reparación histórica para quienes fueron excluides, vulnerades, castigades por expresar una identidad sexual no hegemónica.

Estas reivindicaciones no sólo interpelan a los poderes del estado responsables de asegurar a las identidades disidentes igualdad de oportunidades y de trato , sino que también nos interpelan a todes nosotres como sociedad. La inclusión plena con igualdad de derechos de todas las identidades sexuales solo será posible si somos capaces de construir un nuevo paradigma que reconozca, en palabras de Paul Preciado, "la irreductible multiplicidad del viviente". Una transformación social profunda, un cambio copernicano que se nos aparece casi tan lejano, como imposible se nos aparecía hace 12 años la sanción de la ley de matrimonio Igualitario y a la que hoy conmemoramos sintiendo el calor y la emoción de los abrazos de entonces.

Si repasamos con rigurosidad las estratégicas construidas para el logro de la sanción de la ley vamos a ver que fue la alianza de las feministas con las organizaciones LGBTIQ+ uno de los factores claves que posibilitó el éxito de tamaño desafío. Es esa alianza, la alianza transfeminista la que hoy necesitamos consolidar para avanzar más rápidamente hacia ese mundo inclusivo con igualdad para todas, para todos, para todes.