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Por Necesidad/ 1 de cada 10 mujeres pensó alguna vez ofrecer su cuerpo a cambio de dinero

imagen Ilustrativa

En Salta. Una consulta callejera realizada por PrimeroSalta pone en manifiestó  un pensamiento que cruza o pasó alguna vez por la mente. Plantean un solo motivo las llevó a desembocar en la respuesta positiva. Este escrito es sin ánimos de escandalizar ni ofender, por el contrario, se busca dar cuenta de una acción y realidad que hoy se criminaliza en gran parte de nuestra sociedad.

Ofrecer el cuerpo por dinero, en todo el mundo, se considera y denomina prostitución. Un término que significa literalmente “exhibir para la venta”. A través de la historia esta práctica va tomando diversos significados dependiendo de la cultura y continente que se trate. Incluso, sostienen especialistas: “desde siempre, la prostitución ha estado asociada a la humanidad, teniendo un carácter hospitalario en un principio y religioso posteriormente”.

#DATO CURIOSO:

  • En el panteón romano de deidades una diosa menor de la agricultura era llamada “Puta”, aunque es pura coincidencia.
  • • Las prostitutas, así como hoy ocultan sus negocios haciéndolos pasar por casas de masajes o los anuncian con luces rojas, en la Edad Media (s.XII) los disimulaban como si se tratara de tabernas, colgando en su puerta un ramo. Por esa razón, las comadres empezaron a llamarlas “rameras”, una palabra que les sonaba más púdica que “prostituta”.Podríamos ahondar en cientos de historias y conceptos de la prostitución, pero perderíamos el eje de esta publicación.

En  la actualidad y cultura salteña no deja de ser, en una mayoría, un acto impuro o pecador para una sociedad religiosa como la salteña y hasta se considera una contravención legal. Defensoras del género consideran la práctica como un evento donde la mujer se denigra y somete su integridad a la voluntad de quien paga, vulnerando por completo su identidad.

Desde PrimeroSalta se busca llamar la atención sobre una actividad que se encuentra últimamente en los medios de comunicación y, seguramente, en las sobremesa de los hogares. El lugar de análisis que ocupa hoy en Salta se debe al debate de una “zona roja” o, bien, “zona de convivencia”. Zona que muchos actores de los poderes del estado no se animan a tratar.

Al recorrer las calles de la ciudad y al hablar con grupos de jóvenes y adultas al respecto surgió la idea de ampliar los casos testigos y consultarles ¿alguna vez pensaste en ofrecer tu cuerpo a cambio de dinero?  ¿por qué? Las respuestas recaen en sí y no, mientras que los argumentos de quienes dicen que sí se fundamentan en un solo concepto: “necesidad”.

La cantidad de mujeres consultadas fueron casi un centenar. De ellas 1 de cada 10, de todas las franjas etarias, consideró o piensa hacerlo. “Soy madre soltera, deje los estudios y siento que hoy no logró tener todo lo que necesito. No me gustaría llegar a eso. Igual soy linda y eso ayudaría o me haría las cosas más fáciles”, cuenta Sofía entre risas y nervios.

Se puede observar en gran parte de quienes dijeron sí que les cuesta confírmalo. Resulta que muchas recurren al dicho “la necesidad tiene cara de hereje” (En la frase aparece la herejía como sinónimo de delito o falta, generada por la cruel necesidad. La forma creativa que nos propone a una necesidad con cara de herejía no es nueva, pues se remonta a la antigua Roma, cuando existía la “neccesitas caret lege”, figura legal a la que se podía acoger alguien que hubiese cometido una falta por cuestiones de desesperación).  

“He pensado en hacerlo no una, sino varias veces. Por mis hijos haría lo que sea para que no le falte nada. Sé que si robo voy presa y solo me queda esa opción, yo lo sé. Igual sería lo último que intente”, Gabriela congojada nos cuenta y enumera su difícil situación, igual está lejos de llegar a usar ese “último recurso”, pues aun trabaja en un café céntrico.

Si nos detenemos a pensar, no es menor el número de mujeres que mantienen inconscientemente, como Gabriela, ese “último recurso” latente. Creen que por ser mujeres tienen una escapatoria “si la cosa se pone fea económicamente”. Se sabe que “del dicho al hecho hay un gran trecho”. Pero pensemos en los centenares de mujeres que hoy ejercen la prostitución en la provincia, en barrios, centro de capital, sobre rutas y a domicilio. Trabajadoras sexuales por necesidad (se sabe de muchas que la consideran a la actividad como una elección de vida). Quienes hoy son perseguidas por la policía, sin políticas concretas que le permitan buscar una alternativa laboral.

La idea base de esta consulta es poner en el tapete que ayer, hoy y mañana habrán mujeres que opten por necesidad o elección de vida ser trabajadoras sexuales temporalmente o hasta que la edad les permita. Y como sociedad, en vez de juzgar, señalar y criminalizar podríamos concentrarnos en exigir seguridad social a aquellos responsables de promover políticas de estado que viten que se llegue a tal decisión. Ya que nadie se encuentra exento de recurrir al “trabajo más antiguo del mundo”. 

Dejando a futuro el análisis de los clientes o contratistas de servicios sexuales, factor decisivo y clave para entender el mercado. Sin demanda no habría oferta, desde allí partiremos. 

Fuente: PrimeroSalta

 

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