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¿Votar un cambio en contra del actual modelo kirchnerista será suficiente esperanza? - Por Agustín Piñeyro

El domingo 22 de noviembre, en una histórica jornada de ballotage, la mayoría de los argentinos eligió a Mauricio Macri como el nuevo presidente. El pueblo dio su veredicto en las urnas y votó, en su mayoría, un cambio político. Votó, más que un cambio a favor, votó en contra de un modelo de conducción del país que los agotó y resintió. La duda ahora, tanto para los que lo votaron como para los que no, es si ese cambio que pregonó el electo presidente, durante toda su campaña, tendrá la fuerza de la acción para proyectarlo no solamente en lo político administrativo del Estado Nacional sino en lo económico y social que colme las expectativas de todos los argentinos.

 

Con una diferencia de apenas 3 % de votos de ventaja sobre Scioli, Macri se consagró como el nuevo presidente de los argentinos por cuatro años. Y en él confluyó el tradicional voto conservador, a lo que se le agregó el de los radicales, peronistas disidentes y, una gran mayoría, de ciudadanos que votaron en contra de Scioli, porque era una manera de votar en contra de la actual presidenta, Cristina Fernández de Kirchner.

Es decir que el cambio que promete Macri, para la gente tiene un fuerte condimento de rechazo hacia el actual gobierno más que a las medidas de cambios concretas del electo presidente. Sin embargo hubo un casi 50% del electorado que votó un cambio pero con las bases de un modelo de inclusión y nuevos derechos adquiridos.

Los argentinos sabían que estaban en disputa dos modelos de país totalmente diferentes; y la mayoría prefirió darle la derecha, y valga el juego de palabras, a la derecha argentina que, por primera vez asume la conducción del país, después de casi un  siglo, con el voto de los ciudadanos argentinos.

Es que la gente se dejó seducir por el candidato de Cambiemos, Mauricio Macri, ante una deslucida imagen y propuestas poco convincentes del candidato del oficialismo Daniel Scioli. Candidato que no supo darse la independencia absoluta sobre la imagen negativa, para muchos sectores de la sociedad, de un kirchnerismo en franca retirada.

Y a pesar de ese aspecto negativo de su campaña, el resultado final muestra que el país quedó divido en dos. Una parte, apenas superior, que optó por el cambio que, para algunos hoy en el silencio de la reflexión posterior, no saben en qué consiste ese cambio, a la hora de comenzar a contar los porotos para vivir un poco mejor; sólo la esperanza de que le vaya bien al presidente electo y al país. Y la otra, a muy escaso margen del ganador, se ubicó el modelo del país que conquistó muchos derechos, crecimiento de la industria nacional y nuevas fuentes de trabajos, la soberanía del estado por sobre la regulación del mercado y las políticas de inclusión social, educativa, sociales, entre otros argumentos y acciones que usufructuó el pueblo argentino.

Como decía mi amigo Darío Illanes, en un artículo escrito sobre el particular: “En realidad, la disputa final mostró como está la patria. Los ganadores no lo hicieron por afano. Los perdedores no están nocaut. Ambas situaciones parecen señalar el rumbo para el cambio real para la Argentina”

Pero mientras se está en los comienzos de la luna de miel del gobierno electo, que asumirá el próximo 10 de diciembre, las huestes del peronismo, tanto política como gremial, se están agrupando por alcanzar un grado de liderazgo que les permita conducir la oposición con miras a recuperar el rol preponderante de oposición, que favorezcan a la gobernabilidad.

A nivel nacional ya se habla, no tanto de Scioli como de referentes políticos de envergadura como son Sergio Masa y Juan Manuel Urtubey. Con la ventaja de éste que estaría respaldado por el conjunto de los gobernadores justicialistas y aliados, y por los principales referentes de las organizaciones gremiales nacionales.

Urtubey, en su discurso en la sede del PJ local, a minutos del cierre de los comicios del domingo, expresó que él iba a defender los intereses de los salteños y la provincia, ante el próximo gobierno nacional. Con lo que dejó en claro el rol que va a jugar de ahora en más, ya sabiendo que era irreversible el triunfo de Macri en el ballotage.

Así las cosas, a partir del 10 de diciembre, hay un cambio en el país. Y depende de la cintura y la capacidad de negociación que tenga Mauricio Macri, para acordar con la muy marcada y visible oposición de los que representa ese casi 50% de los argentinos que querían un cambio, sí, pero sobre las bases de lo ya construido y ganado.

Y el papel que vayan a jugar las organizaciones de los trabajadores, será fundamental para alcanzar la tan ansiada convivencia política y social que buscan todos los argentinos.

Mientras tanto, todos esperan que el nuevo gobierno no los defraude y cumplan las promesas electorales.

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